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Un suspiro en cada paso LA CELEBRACIÓN DEL ARTE: PARÍS

Un suspiro en cada paso
LA CELEBRACIÓN DEL ARTE: PARÍS
 

Por Duvrhazka Rodríguez

El escritor Ernest Hemingway la describió como “una fiesta en movimiento” y el poeta Heinrich Heine escribió sobre París “la vida es tan bella, tan dulce en las costas de Sena en París” que ninguna otra ciudad europea es amada con tanta fuerza y exuberancia como ésta. Desde una presentación importante en la Ópera, pasando por un picnic al lado del Sena, un almuerzo en Brasseire Lipp, o el simple hecho de tomar sol en las escalinatas de Sacré-Coeur, corresponde a uno de los placeres que esta ciudad ofrece en abundancia.

Con una población de más de un millón de habitantes, París desde el siglo XVI era el centro mismo de la Revolución Francesa. La ciudad sobre el Sena es uno de los destinos turísticos de mayor interés en el mundo, debido a su arte y cultura, también como meca de la “haute cuisine” (alta cocina) y la “haute couture” (alta costura). 

Un paseo por la capital francesa

Para quienes visitan París por primera vez, el barrio Marais es una sorpresa con negocios y patios, pero también con sus grandes mansiones y el elegante Place des Vosges. Esa diversidad tan celebrada puede apreciarse en Montmartre, especialmente cuando se lo descubre a pie. Las calles en subida, con sus tiendas de almacén, sus bares y fantásticos sombrereros, conducen hasta Mons Martyrium o “colina de los Mártires” coronada por la iglesia blanca de Sacré-Coeur, que ofrece uno de los mejores lugares para ver la ciudad y es lugar de encuentro de los más jóvenes.

En la Place du Tertre, donde los artistas colocan sus cabelletes y pintan, el ambiente es muy vívido y colorido. El cercano Moulin Rouge, con su brillante cabaret, donde Henri de Toulouse-Lautrec pintó a las bailarinas del Can-Can, nos recuerda que la colina alguna vez estuvo ocupada por molinos. La última visita, por supuesto, es a las dos islas del Sena, a las que se llega por el elegante Pont-Neuf. Notre Dame, el Palais de Justice y la encantadora Place Dauphin están en la Ile de la Cité. Quienes visiten la menos frecuentada Ile St. Louis encontrarán un lugar lleno de encanto que no querrán dejar. París nos hace anhelarla, incluso aunque aún estemos en ella.

Ciudad de la alta cultura o “haute couture”

París se transformó en capital de la moda en el siglo XVIII, durante el reino de Luis XIV. El soberano, sensible a toda manifestación de supremacía, hizo venir a la capital francesa a los mejores modistas. Poco a poco, los nuevos trajes y accesorios comenzaron a ser copiados en el resto de Europa gracias a pequeñas muñecas vestidas “à la mode” y transportadas en los equipajes de la nobleza.
Sin embargo, París no sólo debe la moda al Rey Sol. Bajo su impulso visionario, la capital se transformó en un crisol de creación que llegó a eclipsar a las otras grandes capitales europeas. En poco tiempo, Francia se transformó en la cuna del “savoir faire” gracias a una firme política de incentivo destinada a atraer a los más grandes artistas de cada sector de la creación. En vísperas de la Revolución Francesa, hacía mucho que el país imponía al mundo sus gustos en el sector de la moda, pero también de los perfumes, las telas, los muebles, los tejidos, las porcelanas o los trabajos del cuero. Cuatro siglos después, la capital francesa sigue haciendo soñar con su capacidad creativa.
Datos importantes: 

Mejor época: primavera, otoño e invierno.
Alojamiento: muchos hoteles famosos y caros como el Ritz. Los más económicos están entre Gare du Nord y la Ópera.
Souvenirs: moda, antigüedades, delicadezas.
Gastronomía: ostras, trufas, caviar pero también entrecote (bife), tripas, embutidos de sangre.

El arquitecto chino I.M. Pei construyó una pirámide de vidrio frente al Louvre que es uno de los nuevos símbolos de París.

El Place du Tertre es el centro del barrio artístico de Montmartre. Detrás se alza la iglesia de Sacré-Coeur.